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10/07/2010
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 La violencia en el futbol de Costa Rica


Por: Arturo Enrique Cortés

 

Lo sucedido en San Carlos no debe extrañar a nadie
 

El abominable espectáculo de violencia ofrecido por seudo aficionados seguidores de los equipos San Carlos y Herediano, el domingo 26 de septiembre en casa de los primeros, cuando sendas barras –ya no las llamemos bravas, sino hay que darles un calificativo más apropiado: salvajes- se enfrascaron en una absurda pelea al más puro estilo callejero, puede ser calificado con los adjetivos más variados. Que le parece bochornoso, asqueroso, incontrolable, salvaje, repugnante, indigno, abominable, retrógrada, reprobable, intolerante, desagradable, aberrante, demencial, nauseabundo, y agréguele usted cualquier otro calificativo de desaprobación que en su momento de ira se le ocurra; muy seguramente tenga razón. Sin embargo, aunque es duro reconocerlo, ese tipo de violencia sin límites y que tanto daño le causa al futbol ni es la primera vez que sucede, ni va a dejar de suceder. Así que vayámonos acostumbrando a nuestra realidad: desde hace mucho tiempo el deporte favorito de los costarricenses, el futbol, está infectado de ese virus contagioso al extremo, que se ve en todas partes del mundo y cuyos síntomas son fáciles de reconocer: una violencia irracional que traspasa todos los límites de la cordura y la tolerancia.
 

Pero la violencia en el futbol no es nueva, ni tampoco por supuesto es exclusiva de Costa Rica. Bastantes hechos sangrientos han sucedido por todas partes del mundo a través de los años, para ni siquiera intentar discutir este punto. Para poner un par de ejemplos nada más, se puede hablar desde las fenomenales broncas entre equipos sudamericanos y europeos cuando se disputaba la Copa Intercontinental en la década de los setentas, hasta la Tragedia de Heysel, un 29 de mayo de 1985, cuando en el estadio de Heysel, en Bruselas, Bélgica, murieron 39 aficionados, en los que estaban 34 italianos, dos franceses, dos belgas y un británico, además de que hubieron más de 600 heridos de consideración. Todo eso se dio como resultado de un enfrentamiento propiciado por los Hooligans ingleses seguidores del Liverpool durante la celebración del partido por la final de la Copa de Europa entre el Liverpool de Inglaterra, y el Juventus de Italia. Y así como estos, tenemos muchos más casos que pueden ilustrar perfectamente el cerco de terror que una turba enardecida pueda causar en un momento dado dentro de un recinto al que supuestamente asiste el público en masa para “disfrutar” de un partido de futbol.
 

La UEFA toma medidas contra la violencia


A raíz de las oleadas de violencia generadas por los Hooligans ingleses y también por otros seudo aficionados salvajes provenientes de otros países de Europa, en el futbol de ese continente se tomaron medidas para tratar de prevenir la violencia, y que de alguna medida amortiguaron el fenómeno. De hecho, el mismo equipo Liverpool estuvo durante muchos años vetado de toda competencia continental europea, a raíz de los espeluznantes sucesos de Heysel. Los dirigentes europeos hicieron esfuerzos exhaustivos además para identificar a muchos de estos elementos non grata y tratar de prevenir su ingreso, ya no solo al estadio donde se disputaba una cita continental, sino que eran devueltos del mismo aeropuerto del país donde se iba a disputar el partido. Así vimos que centenares de aficionados eran devueltos de forma inmediata a países como Inglaterra, Holanda, o Alemania, lugares de donde provenían la mayoría de los hooligans. Estas medidas en parte ayudaron a mermar en un grado de importancia lo que hasta entonces era una ascendente tendencia al comportamiento radical. Pero aun así, esto no fue suficiente para evitar que de todos modos se siguieran presentando hechos lamentables, como el asesinato, porque no se puede llamar de otra forma, de un aficionado francés por parte de un hooligan alemán durante el mundial de Francia 98. Pero como aliciente, existe un consenso general de que la violencia en los estadios de futbol del viejo continente disminuyó considerablemente a raíz de las medidas adoptadas por los dirigentes del futbol europeo. Así tenemos que el mundial de Alemania 2006, los incidentes relacionados con la violencia fueron prácticamente nulos, a pesar de que el equipo local salió eliminado en semifinales.
 

Es posible erradicar la violencia en el futbol de Costa Rica?
 

A raíz de lo sucedido en San Carlos, existe gran consternación en el país por esa manifestación de violencia extrema llevada a cabo por parte de los que se pueden considerar unos cuantos energúmenos radicales. Centenares de padres de familia han expresado su malestar por lo sucedido. La consecuencia lógica de todo esto es una gran animadversión  entre los aficionados, y es de esperarse que las desagradables escenas de esa vulgar gresca en San Carlos, y que fueron presenciadas por televisión en todas partes del país, se reflejen en forma negativa entre los verdaderos amantes del futbol, aquellos para los que la tradición durante muchos años ha sido disfrutar de un sano domingo de futbol, alejándose aun mas de las ya de por sí despobladas graderías de nuestros estadios. Sin embargo, lejos de que se vislumbre un eventual giro en torno a este asunto del comportamiento violento de seudo aficionados en nuestros estadios de futbol, todo indica que no habrá ningún cambio. Un problema serio que impide el progreso en la lucha contra las manifestaciones violentas y radicales en nuestros estadios de futbol, es la docilidad del código penal de Costa Rica. Si dentro del derecho penal en nuestro país el castigar con pena de cárcel un delito se contempla como un elemento que sirva para disuadir la actividad criminal, resulta contraproducente que los mismos individuos que se vieron involucrados en los actos bochornosos de San Carlos, y que fueron detenidos en el acto, hayan sido puestos en libertad a la mañana siguiente. El único requisito que se les impone como medidas cautelares es no salir del país, y firmar en el juzgado cada quince días. Con esto queda claro que los mismos sujetos que causaron tan reprochable comportamiento en el estadio Carlos Ugalde, en teoría puedan estar presentes en el Rosabal Cordero siete días después. De esta forma la justicia se convierte en cómplice de quienes causan disturbios tan reprobables, en vez de aplicar medidas más severas que sirvan para impulsar la erradicación de la violencia extrema en los estadios de futbol. Por otra parte, los federativos han aportado también poco en esta materia, pues ha sido  casi nulo el esfuerzo en tratar de impedir que los integrantes de las barras radicales previamente identificados por incidentes violentos ingreses a los estadios como cualquier otro aficionado normal. A diferencia de lo hecho por la Unión Europea de Futbol que mencionábamos antes, en Costa Rica la Fedefutbol no ha implantado un programa de identificación de miembros radicales de barras bravas, con el objetivo de no permitirles entrada a los estadios. Por último, en los equipos mismos no se ve esfuerzo alguno por entablar una relación con sus seguidores radicales con el propósito de eliminar su comportamiento de incitación y violencia. De hecho, algunos directivos mas bien les han dado protagonismo. Recordamos al entonces jerarca del Saprissa Jorge Alarcón, que gustaba de sentarse con los miembros de la ultra, porque “se sentía más protegido”.
 

Tarde o temprano volverá a suceder lo mismo, o algo peor


Sin mano dura por parte de la justicia, en donde se castigue de forma severa a quien cometa actos irracionales como los sucedidos en San Carlos, sin un real esfuerzo por parte de la Fedefutbol para crear programas inclinados a la prevención de la violencia en los estadios, y sin una aportación importante por parte de los clubes para que el futbol vuelva a ser un espectáculo para que lo disfrute toda la familia, tarde o temprano volverá a suceder un bochornoso espectáculo como el del domingo en San Carlos, o tal vez algo peor.