Comuniquese con el autor warroyo@cariari.ucr.ac.cr
Las Vicepresidencias de la República
Lic. Wilberth Arroyo Alvarez,
Catedrático, UCR.
Para
ningún costarricense ha pasado desapercibido que el criterio para escoger a
algunos candidatos a las vicepresidencias fue la popularidad e imagen que ya tenían
más que otras cualidades que debieron sopesarse con mayor serenidad y seriedad
por tratarse de tan importantísimo cargo público, de consecuencias históricas
quizá no comprendidas.
No es que los escogidos por el candidato presidencial no tengan preparación
profesional o carezcan de la honorabilidad que todo cargo público implica, sino
que hay una condición esencial: la experiencia de quien, en cualquier momento, deberá sustituir al
Presidente, no sólo en ausencias temporales, sino definitivas: por muerte,
renuncia o remoción del cargo, según lo dispone nuestra Constitución Política.
Cuando se cae en la cuenta que Costa Rica no ha sido ni es ni será la excepción
de que su Presidente muere en el ejercicio de su cargo, o que sucedan algunas de
las otras circunstancias señaladas, debió pensarse en personas con experiencia
en el campo político pues si para los mismos candidatos presidenciales se
debe aplicar igual requerimiento por indispensable, igualmente para quienes
eventualmente han de sustituirlos temporal o definitivamente.
No se qué pasa en esta campaña política pero siento, como cualquier otro
ciudadano común y corriente, como la mayoría de este país cuya participación
se debe limitar a emitir su voto cada cuatro años, que las designaciones de
candidatos, en general, de elección popular se ha hecho apresuradamente, sin
consultarse siquiera con la almohada; sólo se piensa en ganar y ese fin
justifica, al parecer, todo, incluyendo que se designen en sus fórmulas
presidenciales a personas que aunque podrían tener excelente imagen pública al
haber desempeñado antes cargos públicos
y que lo han hecho con eficiencia y decencia, las consecuencias de ser
posibles presidentes sustitutos podría hacernos pasar angustiantes dificultades
y hasta podría conllevar a conflictos políticos de graves consecuencias.
Por
ello los votantes debemos fijemos que tanto el candidato presidencial como quiénes
lo acompañen en las vicepresidencias, cuenten con experiencia política – en
el buen sentido de la palabra- y que podrá ejercer la presidencia, aquél y
éstos,
en cualquier momento y con el aplomo que sólo esa experiencia da, sin
poner en peligro a nuestra pobre democracia.
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