Hora del Pacifico
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Un viaje en el tren Eléctrico al Pacífico.


A la fecha (Agosto 2001), INCOFER ( a cargo de los ferrocarriles nacionales),se encuentra aún a la espera  de que algún concesionario tome la conseción de las vías férreas del país, en 1999, tuve el privilegio de viajar por el tramo que conduce de San José hasta casi la antigua parada de Dantas, muchos recuerdos me trajo ese viaje.
Pero remontémonos a la Costa Rica de hace unos treinta años atrás o más, en aquellas épocas cuando se solía escuchar el pito de la máquina del tren al Sur de la Capital, en su constante viajar de ida y regreso al Puerto (Puntarenas para los jóvenes de ahora).
Con que alegría esperabamos como estudiantes, las épocas de vacaciones, o un simple fin de semana en el verano, para salir "corriendo" temprano , a la estación de trenes, en el Sur de la Capital, donde se llegaba a veces antes de las seis de la mañana, para comprar los boletos, y poder "coger"  buen campo en los coches del tren. Los coches tenían asientos de madera , cada "carro" de tren tenía su propio servicio sanitario, aunque era algo anti sanitario la disposición de los deshechos. Entre la jerga que se usaba en ese ambiente de los trenes, se hablaba del conductor del tren , quién a la vez era el que "picaba" los tiquetes de los pasajeros, al ir pasando y revisando los boletos.
Por ahí se veía también a los "brequeros", quienes se hacían cargo de los "switches" cambia líneas en las diferentes "espuelas" (ramal pequeño de líneas donde paraban los trenes, mientras esperaban que otro viniendo en dirección contraria pasara).
Y el que movía al tren era el famoso "maquinista", quién siempre se le veía asomando su cabeza por una ventana de la"máquina". Si algo tenían esos trenes de bueno era la puntualidad para partir a tiempo, cosa no muy común entre los Ticos.
Partiendo de San José  pués, se emprendía el largo viaje de 4 horas al puerto, apenas se empezaba a mover el tren se comenzaban a escuchar  el rechinar de hierros de los carros del tren, el golpeteo de las ruedas de hierro al pasar sobre cada unión de rieles, los "jalones" que daba la máquina al empezar a aumentar de velocidad, y el pito de la máquina allá al frente antes de pasar por un cruce a nivel. Luego venían los majestuosos puentes, siempre imponentes, altos, sin barandas de ninguna clase, excepto el del río Barranca, luego venían las paradas para recoger mas pasajeros, San Antonio de Belén, Ojo de Agua entre otras, pero entre las mas  típicas estaban;  primero  la de Atenas, donde aún antes de que el tren se detuviera, era rodeado por ambos lados de los vendedores ambulantes locales, quienes ofrecían toda clase de meriendas, casi siempre en grandes palanganas, en cajas, o en sus manos; ellos y ellas alzaban sus manos hacia los ventanales de los carros ofreciendo sus productos, y cada estación de tren tenía su distinctivo producto, así pués, en la parada de Atenas , los famosos "alborotos", las toronjas, los churros,  atraían a los pasajeros.
Entre algunas de estas paradas, se montaban señoras con sus palanganas llenas de "gallos", ellas pagaban por viajar de una a otra estación vendiendo sus meriendas, gente tan buena y sencilla, en aquellas épocas, no se pensaba mucho en sanidad, así que, los muslos de pollo o las empanadas , se las daban a uno en la mano directamente.   Mas adelante se llegaba a otras paradas mas aisladas, como las de Quebraba Honda, Dantas, alla por donde el tren serpenteaba por entre cañones en su ruta hacia el puerto. A eso de 3 horas de andar en el tren se llagaba a la  larga parada de rigor en Orotina, ahí, se veían acercarse al tren, aún mas vendedores de comidas,pregonando a los cuatro vientos - "comida, comida" - "gallos (de toda clase), "maní garapiñado", semillas de marañón, hasta periquitos se podían comprar en esa parada, y no faltaba algún Orotinense vendiendo maíz en su "tusa", ;  hasta los perros callejeros sabían que algo pasaba , pues hasta ellos se arrimaban al tren. Y por supuesto Orotina era conocido por sus ventas de marañones en cajitas rústicas confeccionadas con madera del mismo árbol, y las bebidas de  horchata, "chan", y cebada, los  cuales eran ofrecidos en vasos de vidrio, así pués a veces había que "tragarse" rápido la horchata antes de que se fuera el tren. Lujos como el  hielo, no se veían en esas épocas ( existía solo una fábrica de hielo en el puerto, desde donde se traía por tren las "marquetas" de hielo hacía las paradas del tren aledañas al puerto).
Mas adelante se llegaba después el siniestro Túnel de Cambalache, el cual siempre de joven , nos daba algo de temor, unos dos minutos en la penumbra, pues los bombillos de los carros casi no iluminaban nada, se les llamaban bombillos de "achiote".
Luego,  antes de llegar a las paradas de Salinas y Mata de Limón, acá los vendedores ofrecían chuchecas en vasos, y ya se  se podía percibir desde el tren el peculiar olor a la sal de mar,  para cuando se llegaba a la parada de Boca de Barranca, los Josefinos nos habíamos aclimatado ya  al calorcito acogedor del puerto.
Dato  interesante, sobre el viaje de retorno a la Capital, el "F.E. al P." como se le conocía a los trenes al Pacífico, ofrecía un servicio expreso hacia San José, el famoso tren el "Pachuco" (también en la ruta al Atlántico existía con ese nombre), el cual tardaba el increíble tiempo de sólo 3 horas.
Finalmente, el tren enfilaba por la angostura antes de entrar a su parada final en el puerto,y era siempre llamativo ver las olas romper en la arena de la playa.





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