Hora del Pacifico
  hora de Costa Rica
Pagina Principal  - La Moradita del Mes  - Mundo Saprissita Futbol Tico - Embajada  -  Consulado LA



 

 


Luis Saénz
temas anteriores
Luis Saenz" <luis.saenz@attbi.com


Web Site




 

Luis Saénz
temas anteriores
Luis Saenz" <luis.saenz@attbi.com
Web Site

La navidad de los años 50

La arqueologia de Tiquicia*

Lugares pinturescos de Tiquicia

La verduleria de pueblo

Un viaje en el tren electrico al Pacifico

La visita anual a Costa Rica

Oficios del tico que se desvanecen

Caminos, senderos, veredas, y trillos de Tiquicia.

Bosques del futuro de Costa Rica

Las Vueltas del Virilla

Desayuno a la mode en Costa Rica

Tren al pacifico

El Fogon de la chocita

Troleando caminos de Tiquicia

 


Rancha montaña adentro.

Conceptualicemos una travesía a través del tiempo, digamos el año 1952. En
un determinado día del veranillo de "San Juan", en la Costa Rica que contaba
con unos 500.000 habitantes, cuando el dólar Norteamericano valía seis
colones sesenta con tres céntimos. Después de viajar casi todo el día en el
tren "el pachuco", nos dejó , en un a paraje antes de Guápiles, luego de
revissar el equipo de montaña, comprar unos últimos víveres en el "estanco"
local del CNP,

nos encaminamos pues por lodosa trocha trillada por caballos montaña arriba.
Allá por las márgenes del río Corinto, enrumbando con azimuth Sur, en
aquellos tiempos no se contaba con radios, ni "GPS", sólo las hojas de mapa
de la zona. A como avanzamos subiendo a paso rápido, vemos a ambos lados
abismos entre la bruma del bosque lluvioso, pues estamos encaminándonos
sobre una montura . Hay hojarasca y palos podridos por doquier, cienpiés,
hormigas balas, abejones, cantidad de mariposas se posan aquí y allá,sobre
sobre los orines de bestias, atraidas por la salinidad, todo ello va
quedando atrás.El ascenso nos va también deleitando con parajes verdosos,
toda clase de actividad del reino animal. en los bajos de un cañón
escuchamos el ruido de un río, al otro lado más allá de la neblina que nos
azota con viento, escuchamos el inigualable sonido de una "cortina" de
lluvia que se nos viene encima. El sol luche y penetra entre las hojas de
los corpulentos robles y encinos de altura, tan sólo para engañarnos ,pues
en minutos nos caé el torrencial aguacero, dándonos apenas tiempo para
quitarnos la camiseta , y guardarla en un plástico, para tener algo de ropa
seca en la noche. Seguimos adelante con las pesadas mochilas de la época,
cuchillo en mano, y con la cautela de tener presente que somos "visitantes"
en ese habitat, las culebras pueden estar cerca, ellas no son culpables de
ser sorprendidas por los humanos.

Luego de varias hors de "trolear" llegamos a un tacotal con zacate estrella,
una abra entre la montaña, cruzamos un riachuelo sobre un tronco hueco, y
llegamos a la rancha de Chepo Martínez. La cual será nuestro abrigo para la
noche que se avecina pronto bajo el dosel del bosque. Sus paredes son de
"costillas" de corteza de árbol, rajadas en forma de tablones, su techo de
bambú con hojas de suita para detener la incesante y perenne lluvia .Una
tenue garüa nos recuerda que por algo nos tan húmedos los bosques
lluviosos.No encontramos a nadie en la rancha, sólo un fogón con tres palos
en el piso de tierra dentro de la morada, cenizas, una cafetera algo
arrugada y vieja.Colgando del techo vemos un racimo de guineos o quizás
"cuadrados", una tamuga con tapa de dulce, huevos crudos envueltos en hojas
secas de mata de plátano. Un saquito de sal. En un rincón vemos un taburete
con unas candelas de cebo, una lata vacía de atún , que sirve de taza para
tomar café. En otro rincón un camón sencillo armado con rústicos tablones de
pochote o madero negro, y unos sacos de gangoche , que son para cobijarse.

Antes de que nos anochezca encendemos un "San Cristóbal", (lata grande con
un lado abierto y una candela adentro., nos tomamos la libertad de unas
astillas secas que hay cerca del fogón, para empezar una fogata,.

Al menos una sopa "zopilota" nos proponemos hacer para la noche, cada uno
busca un rincón donde "enroscarse", aunque sudados, con picadas de Tábanos,
raspones de las multiples espinas a lo largo del sendero, con algo
dedeshidratación, cansados, empapados totalmente, y con barro en toda la
ropa, compartimos la sopa alrededor del fogón con la tenue luz de una
candela, resumimos el primer día de la gira, y el rumbo a seguir en la
mañana. Afuera la penumbra ya ha llegado y las melodías del día se
desvanecen, y la noche acaece con sus peculiares sonidos de las ranas, los
sapos, los grillos, las chachalacas en la lejanía, los cuyeos, uno que otro
mono congo , anunciando que la oscuridad pasa a ser dueña de las criaturas
nocturnas.

Dado el enfriamiento que nos espera en la noche, nos vemos en la necesidad
ancestral, más que nada por instinto, de tener que dormir sentados "espalda
con espalda".

El último en hablar es Luis (apodado danta blanca), quién les recuerda a
todos los compañeros, que para el alba ya debemos estar en camino. Tras una
larga noche donde uno cree no haber dormido, a eso de las cuatro de la
madrugada, el primero en despertarse, despierta a los demás integrantes del
grupo, con el famoso llamado de "café, café, seguido del tintineo de jarras
de latas, el manejo de la olla para el agua de lluvia, para el café
"apagado". Luego de un ligero desayuno, El líder del grupo anuncia a todos
"Compañeros preparen sus mochilas, pues toda Costa Rica depende de que
nuestra búsqueda de los citadinos extraviados sea un éxito".

Vaya pues este artículo dedicado a todo el voluntariado de la noble Cruz
Roja Costarricense.

José Luis Sáenz Cruz.

Noviembre 21, 2005.

"in armas veritas".