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Joaquín Quesada Jr., un triunfador Por: Arturo Enrique Cortés
Corría el año de 1969 y para entonces, los poquitos ticos que vivíamos en la ciudad de Anaheim, en el estado de California, eramos casi todos oriundos de Alajuela. Empezabamos apenas a adentrarnos en esta cultura estadounidense, tan fascinante pero tan diferente a la nuestra a la vez. En ese entonces se podía decir que éramos un pequeño grupo unido, que gustaba de mantener esa unión precisamente por tener algo en común: ser casi todos de la misma ciudad y además, porque obviamente también casi todos nos conocíamos desde Costa Rica. Y todo el tiempo nos estabamos viendo y frecuentando. Cuando no era una reunión en casa de alguno por alguna fiesta a algún cumpleaños, era un picnic en algún parque, o unos tragos en el Scotty’s o el Brick Cellar, dos de los bares frecuentados por los ticos que en ese entonces radicábamos en Anaheim. O si no, se trataba claro, del clásico domingo de futbol. Fue así como conocí a Joaquin Quesada y a su familia. Entre ella, a Joaquín hijo, o “Joaquincillo” como le decíamos. Tendría tal vez unos cinco o seis años, y llegaba con su padre, a los partidos de los domingos. Mientras se desarrollaba el encuentro, el pequeño Joaquín jugueteaba con los demas “güilas”. Su padre, quien muchos años antes había sido bautizado en Alajuela con el apodo de “Piapio”, era un gran jugador de futbol, con una técnica pocas veces vista en algún futbolista. Fino, elegante, e inteligente. No me cabe la menor duda de que de no haber salido nunca de Costa Rica, muy probablemente hubiera hecho una carrera en la primera división. Desgraciadamente, en aquellos años el futbol profesional en los Estados Unidos era prácticamente inexistente, y el talento de Joaquín se tuvo que diluir entre las mejengas domingueras del equipo que la colonia había formado. Fueron pasando los años, y Joaquincillo fue creciendo. Ya casi un adolescente, mejengueaba con “los grandes” y para entonces ya demostraba algo de las enormes cualidades que tuvo su padre. Recuerdo verlo muchas veces con su uniforme de futbolista y su inseparable balón, siempre en compañia de la familia. El tiempo fue pasando, y aquel grupo de ticos que una vez fue tan unido, fue experimentando un cambio lógico, y la unión aquella tan bonita fue desapareciendo. Algunos se casaron y se fueron apartando, o se trasladaron a otro estado, en busca de mejores horizontes. En otros casos, los hijos fueron creciendo, y había ya que dedicarse a otros menesteres. Otra cosa que influyó bastante fue el hecho de que de Costa Rica a los Estados Unidos, emigraban ya muy pocos ticos, de manera que a los que jugábamos futbol y que habíamos formado el equipo, se nos fue pasando la edad, y no se contaba con material físico ya para mantener un equipo de futbol formado solamente por costarricenses. Y es que hubo una época en donde sobraba el talento y hasta llegamos a tener un conjunto con tan buenos jugadores que mucho dejó que hablar en la zona de Anaheim e inclusive de Los Angeles. Pero al dejar de existir el clásico domingo futbolero, nos fuimos distanciando cada vez más, hasta que el día de hoy, aunque todavía vive mucho costarricense en Anaheim, e inclusive en esta misma ciudad se encuentra el Restaurant Costa Rica, ya no se frecuentan tanto como antes. Y digo frecuentan, porque en mi caso particular, yo fuí uno de los primeros que se apartó, pues desde el año de 1984 radico en San Diego. Pues hace unas semanas que fui de visita a Anaheim, tomando un café en un Denny’s que esta muy cerquita del parque de diversiones Dysneylandia, sobre el boulevard Harbor, me puse a leer el periódico Orange County Register. Cual sería mi sorpresa al leer la sección de Locales, cuando me encuentro con un reportaje que se hacía precisamente sobre Joaquín Quesada, el mismo “Joaquincillo” aquel que llegaba con su padre a los domingos de futbol, y que fue creciendo en el seno de aquella comunidad de ticos que vivíamos en Anaheim, los que un día, por una razón u otra, nos dimos a la aventura de los Estados Unidos. Dicho reportaje hablaba sobre los grandes logros de Joaquín Quesada, como alto ejecutivo de las operaciones del Centro de Convenciones de la ciudad de Anaheim, un importante centro donde se reúne para convenciones y otros eventos la élite del mundo empresarial y del espectáculo. Ahora, con 37 años de edad, casado y con dos hijas, Joaquín Quesada fue escalando posiciones en tan importante empresa, donde empezó como busboy, después de haber recibido su diploma de high school de la escuela Katella High, en 1981. Había obtenido ese trabajo veraniego con la intención de ahorrar dinero para posteriormente asistir a la universidad. Sin embargo, le gustó el ambiente de aquel lugar en donde precisamente se celebró la ceremonia en donde había recibido su diploma de graduación. Se quedó a trabajar ahí, hasta llegar a alcanzar uno de los puestos más prominentes de dicha empresa, el de gerente general de servicios, en donde bajo su responsabilidad, se toman las decisiones más importantes de las actividades de la empresa. Según el reportaje periodístico, los altos jerarcas de la corporación han depositado una confianza enorme en Joaquín, hasta tal punto que muchas de las decisiones más importantes de la empresa, o son consultadas con él, o parten directamente de él. Dada la zona en donde se encuentra ubicado el Centro de Convenciones de Anaheim, el potencial económico de esta empresa es incalculable. Desde este lugar, se puede llegar caminando fácilmente hasta Disneylandia y, por ende, a toda una cadena de hoteles de cinco estrellas en un radio de menos de una milla. Por lo tanto, se da como un hecho que el Centro de Convenciones tiene actividad las 52 semanas del año. Ya sea que se trate de una reunión para cien personas, o una convención de 6,800 gentes, toda la responsabilidad del servicio está a cargo de Joaquín Quesada. Desde escoger el vino que beberán, hasta seleccionar al chef que preparará la comida. Por este motivo, la posición de Joaquín como gerente general de servicios es vital dentro del funcionamiento operativo del Centro de Convenciones de Anaheim, haciendo de este puesto uno de los de mayor prominencia, dentro de todo el complejo turístico de la ciudad de Anaheim. Verdaderamente me dio mucho gusto al leer esa mañana fortuita, el reportaje sobre Joaquín Quesada. . Sin duda que el tiempo ha pasado, pero los recuerdos quedan, y la satisfacción que se siente cuando uno se entera de alguien de los nuestros superó todas las adversidades que en un momento dado se puede encontrar un tico en su carácter de inmigrante es muy grande, sobre todo si se trata de un muchacho que se ha conocido desde niño. ¿Cuántos, desgraciadamente, han obtado por otro camino, y han acabado mal?. Sin embargo, Joaquín supo mantenerse ajeno a las malas influencias y, por el contrario, a base de esmero y dedicación, hoy se encuentra en una posición admirable. Desde Ticopage enviamos una sincera felicitación a Joaquin Quesada, por el enorme éxito alcanzado en el Centro de Convenciones de Anahein, ya que él se convierte en un verdadero ejemplo de superación, y en un orgullo para la colonia costarricense en los Estados Unidos. Home]
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