EL NUEVO HOSPITAL DE ALAJUELA
Por: Arturo Enrique Cortés
Con mucho beneplácito debe tomarse la noticia de que por fin, después de
tantos años de promesas y de esperar en vano, se empezará la obra de la
construcción del nuevo hospital de Alajuela. Aunque claro, con las reservas
del caso, porque no sería nada raro que, de acuerdo a la clásica costumbre
de nuestros gobernantes, una vez más se pospusieran los planes y que pasaran
varios años más para que se vuelva a hablar del asunto.
Y es que en realidad nosotros es poco lo que podemos hacer, aparte de
albergar la esperanza de que por fin ahora sí se hará realidad una necesidad
tan vital para la población alajuelense: un moderno hospital, bien equipado
y que esté adecuado para poder cumplir con las necesidades en el renglón de
salubridad pública, de lo que es la segunda ciudad más importante del país.
Como es bien sabido, el único hospital con que cuenta Alajuela, el San
Rafael, ubicado a tan solo trescientos metros del Parque Central, funciona
en un edificio construido desde hace 118 años. Es fácil comprender que una
estructura que se construyó para atender las necesidades médicas,
obstétricas y quirúrgicas de una población que para 1882 era apenas un
caserío, es totalmente inadecuada para las mismas necesidades de lo que es
ahora una vibrante ciudad con más de 640,000 habitantes.
Por eso, un hospital acorde a las necesidades de la población urge en
Alajuela, no desde 1978, cuando la Caja Costarricense de Seguro Social
(CCSS) realizó un primer estudio y así lo determinó, sino desde mucho más
tiempo atrás. Un nuevo nosocomio en la ciudad ha sido una necesidad latente
desde hace muchísimos años, cuando la ciudad daba síntomas de crecer a un
ritmo acelerado, ritmo que se vio aumentado de manera extrema aún más, a
partir de los primeros años de la decada de los ochentas, con la llegada
masiva al país de inmigrantes.
Sin embargo, a pesar de que desde mucho antes el hospital San Rafael se
había convertido en un centro de atención médica obsoleto,
sufriendo
además las carencias de equipo, espacio, medicinas y personal, no fue sino
hasta 1978 que la CCSS se decidió a hacer un estudio y fue hasta entonces
que se llegó a la conclusión de que la ciudad necesitaba un nuevo hospital.
Se procedió de inmediato a adquirir unos terrenos junto a la radial
Francisco J. Orlich, justo antes de llegar al aeropuerto, y se iniciaron los
planes para su construcción. Sin embargo -y esto sí que es verdaderamente
inverosímil!- tendrían que pasar 22 largos años para que por fin, los
trabajos de diseño, construcción y equipamiento del nuevo hospital fueran
adjudicados a un consorcio español.
Esto en cualquier otro país del mundo, sería una vergüenza, pero en Costa
Rica, claro, esto mas bien es cosa de todos los días.
Pero bien, lo que importa ahora es que no vuelvan a surgir nuevos
impedimentos y trabas burocráticas y que el proyecto siga su marcha.
Sinceramente esperamos que no ocurra ahora un nuevo traspié, y que la
construcción del tan anhelado hospital para Alajuela se dé ahora sí, sin
contratiempos. El gobierno debe exigir que el cumplimiento del contrato
con
el consorcio español se cumpla al pié de la letra, para que no suceda lo que
ya conocemos de proyectos como la carretera costanera, que lleva décadas sin
que se termine su construcción, o también lo del fallido contrato con una
empresa mexicana, en la restauración de la Bernardo Soto, para citar
solamente dos ejemplos.
Sin embargo -hay que mencionarlo nuevamente- nos llena de regocijo el hecho
de que por fin la población de la ciudad de Alajuela tendrá el hospital que
tanto necesita y que ha esperado desde hace más de dos décadas. Pero es
necesario repetir una vez más, que a pesar de la buena noticia, estamos
escépticos de que la obra se lleve a cabo a como nos han anunciado que se
hará. Nos han dicho que el acuerdo es que dentro de 20 meses el hospital
estará listo y funcionando en su totalidad. Sin embargo nuestros
gobernantes, con habernos acostumbrado a tantas promesas falsas, también nos
han regalado el beneficio de la duda. Por eso es que la noticia, aunque
nos
ha alegrado, también nos recuerda la vieja consigna popular de "hasta no
ver, no creer".
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