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El calor de un bar
Ficción
Por Patricia Godínez*
Me fascina conocer a personas que no se esconden detrás de una máscara.
Todo el mundo se queja por no tener libertad, pero muy pocos se liberan de
sus propios pensamientos. Vivimos en tiempos embrujados. Le gente vive por
el mañana, por trabajar, lograr, y luchar. Aparentan ser felices sin saber
ni conocer el verdadero sentido de la vida. Todos los días me levanto y veo
que hay demasiada finalidad. Somos sujetos incrustados en el plástico que
llamamos el progreso. Los cosmos gritan, pero nadie escucha; todo el mundo
se tapa los oídos para no ver la verdad. Suelen obtener felicidad, pero
acaban desdichados y arrastrando un poco de alegría de un vaso vacío y viven
en un mundo vértigo. Me he dado cuenta de que los que descubrieron la
rebeldía y la gente aislada de la sociedad han descubierto la verdadera
libertad.
En este momento, cabe recordar una leyenda Soriana de Gustavo Adolfo
Bécquer. La leyenda se trata de un soñador que jamás pudo lograr lo que en
verdad buscaba. Esta leyenda me acuerda del sueño mío que naufragó.
Comienza diciendo, "yo no sé si esto es una historia que parece cuento o un
cuento que parece una historia; lo que puedo decir es que en su fondo hay
una verdad, una verdad muy triste, de la que acaso yo seré una de las
últimas en aprovecharme, dadas mis condiciones de imaginación. Otra, con
esta idea, tal vez hubiera hecho un tomo de filosofía lacrimosa; yo he
escrito esta leyenda, que, a los que nada vean en su fondo, al menos podrá
entretenerles un rato."
En esta sociedad existen muchas decepciones. Algunas tienen que ver con
injusticias políticas mundiales que este país apoya razones de poder y
dinero. Pero otras decepciones vienen directamente del sentimentalismo y el
descubrimiento de las mentiras que hemos creído toda la vida. Dios me ha
dado la buena fortuna de poder salirme de mi propio mundo cíclico y aprender
de ciertas verdades, las que nunca nos han enseñado en la escuela. Por
medio de conocer a gente con diversas perspectivas, me he dado cuenta de
que en esta sociedad nos falta reconocer nuestras propias transgresiones.
Nosotros, los estadounidenses queremos vivir en un mundo cómodo sin
inconveniencias. Y cuando se trata del deseo amoroso, cada cual busca una
pareja ideal que les podrá traer éxito económico. También existe un formato
lineal y un reloj que también nos impriman la sociedad. De hecho, este
reloj dice que una mujer no se realiza como mujer hasta que encuentre el
hombre más preparado y económicamente estable. Todo tiene su rutina y cada
cual busca la persona que les va atraer cierta cantidad de felicidad. Nadie
busca el escape de la pasión, sino buscan con quien van a acabar con la
mayor cantidad de progreso. La gente demuestra una apariencia, pero en
verdad, se esconde la oscuridad, la guerra, y la falta de amor en el hogar.
Sin embargo, a veces por vuestra dicha, encontráis amistades lo cual
imprimen distintas ideas y os liberan. Esto es precisamente lo que me pasó
cuando conocí a Rébel.
Un día soñé que estaba despierta y vi un túnel sin finalidad. Una inmensa
oscuridad me atormentaba. Estaba atada por mis propios pensamientos, pero
por suerte pude ver un poco de luz. Conocí a un tío que estaba demasiado
loco. Loco en el sentido de que nadie lo comprendía y la vida lo
maltrataba. La verdad es que era un vagabundo rodando por el camino, hasta
se puede decir que era un nómada loco, noctámbulo y soñador. Él soñaba con
la vagancia y la soledad sin importar el progreso material. La única idea
que adoptaba era una gran creencia en Dios; a veces durante su gran delirio
y
meditación se quedaba una noche entera mirando la luna, que flotaba, se
imaginaba que detrás de la luna vivían civilizaciones que se gobernaban con
amor; se imaginaba hablar con voces extrañas, pero pensaba que no se podían
entender porque hablaban con telepatía, para él, detrás de la superficie de
la luna, existía el reino de los cielos. Lo que buscaba era la idea de
vivir cada día con fe sin saber cómo iba obtener la supervivencia; creía
encontrar grandes verdades ocultas entre la naturaleza, no tanto para salvar
su propia alma, sino para encontrar la magia de Dios en el mundo físico. El
día en que lo conocí, por mi desdicha estaba más perdido que nunca en su
propio sueño. Estaba atrapado en la cueva que describe Platón en su
alegoría; Platón decía que nosotros pensamos que sabemos la realidad, pero
la verdad es que la sociedad nos demuestra otra realidad no verdadera, la
persona que se sale de la cueva, como este vagabundo que describo hizo, no
aguantaría la inmensidad de luz que en verdad existe. Y en este preciso
momento, lo conocí. Ese día, me salí a caminar alrededor de la mar. Miré
que las olas de mi desgracia parecían gritar blasfemias hacia la tierra. Es
cuando decidí salir a bailar por la noche; y en esa noche de poético
insomnio es cuando ví a este loco bailando.
Era un bar oscuro, él bailaba como bailan los gitanos en las cuevas del
Sacromonte. Con esa precisa expresión de angustia, utilizaba sus manos y
sus muñecas como brochas y pintaba círculos en el aire. Movía su cuerpo de
una manera inexplicable. Parecía un loco por su manera de mirar hacia el
cielo y reírse solo. Sin embargo, la gente lo admiraba y todos sus amigos
lo observaban bailando como si fuese artista expresando sus angustias y
frustraciones; esa frustración de los seres no comprendidos, los que no se
entregan a conformar a las reglas sociales. Entre la oscuridad y el humo
que dejan los cigarrillos, ví que caminaba en mi dirección. En ese
instante, solté la cola de caballo que traía y dejé que la fragancia de
rosas de mi pelo tapar el repugnante olor que suele atraparse en todos los
bares del mundo. Pude ver su silueta o perfil dibujado entre el humo de
cigarro. Y como es el destino, durante esa bella enfrentación, en el fondo
del bar, tocaba la canción "No hay como el calor del amor en un bar."
Cuando nuestros ojos se conocieron, parecía que no existía nada más en el
mundo.
¡Hola!-me dijo, me llamo Rébel. No pude pensar en nada más que esa mirada
misteriosa que me daba. "Admiro tu manera de bailar porque pareces estar un
tu propio mundo." ¡Ciertamente!-me contestó.
Cuando bailo, me escapo de la realidad y es cuando no me importa lo que diga
ni lo que piensa la gente. Me encanta pintar y dibujar el mundo que busco;
un mundo libre en el que podré volar hasta conocer otros planetas. Amo la
soledad pero más que nada amo mi sombra. Una sombra es la fiel compañera
que nos acompaña hasta el fin. La verdad es que no sé como la gente busca
lo físico como placer. La sombra nos da todo el placer de las ideas
misteriosas de la vida. La gente parece tenerlo todo con el mundo material,
pero muy pocos son verdaderamente libres. A mí no me importa nada, solo
busco a Dios.
Y así, con esas precisas palabras, me enamoré de él.
Nuestra historia de amor comenzó con varias conversaciones sin importarnos
tanto de nuestros deseos físicos. Casi siempre nos íbamos por la madrugada
y nos escapábamos al bosque para conversar sobre las inquietudes de nuestra
sociedad. ¡Nos amábamos! Habíamos nacido para soñar nuestro amor, no para
sentirlo. Rébel era poeta; tanto, que nunca le habían satisfecho las formas
en que pudiera encerrar sus pensamientos, y por esta razón, nunca escribía
nada. Cada vez que nos encontrábamos en nuestro delirio, nos imaginábamos
que entre los árboles que se abrazaban como esqueletos en el bosque,
habitaban espíritus de Mayas Indígenas danzando con la frescura del aire.
Empecé a creer en el fondo de las ondas del río los que nunca se acaban y
donde no existen reglas. Desdichadamente, incrustado en mí, existía una
gran inquietud. Dentro de mí había una yuxtaposición de ideas lo cual no
supe controlar.
Los días de magia empezaron a cambiar. Cuando oía el aire de los espíritus
Indígenas, me iba al bosque a buscar a Rébel, pero lo único que aparecía era
la luz de la luna penetrando entre las ramas. ¿Será que no vino hoy por lo
que le dije el otro día de mis planes para nosotros? Pienso que la plática
de matrimonio lo había alejado mucho. Porque poco a poco, se empezó a
desaparecer de mi vida. Y cada vez que me tocaba hablar con él, me
aseguraba que no quería estar atado a nada. Luego llegaron mis negros
pensamientos. ¿No me ha de amar como yo lo amo, como lo amo con todas las
fuerzas de mi ser, y con toda su alma? Pensé-pobre de mí, ¡lo tanto que
quise creer en él!
El corto noviazgo con Rébel no fue por casualidad. Todo me encantaba de él,
menos su falta de seguridad. Quise casarme con él para en fin realizarme
como mujer individual. Pero Rébel no creía en la institución de matrimonio.
Aunque sí hablaba de tener hijos algún día con la mujer ideal. Me decía
que las personas quienes nacen fuera de las reglas sociales y del puro deseo
humano, podrían lograr grandes propósitos celestiales. Quiso comenzar una
raza "cósmica." En cambio yo tenía distintas ideas de una carrera y un
hogar fijo. Estudiaba en la Universidad de Harvard, y me faltaba muy poco
para terminar una maestría de Ciencia Política (Rébel odiaba a los
políticos). Es decir, Rébel no creía en el estudio porque decía que los que
estudiaban estaban dormidos e integrados en el sueño del gobierno
estadounidense. Aún más todo de lo que quisimos descubrir de nuestro mundo,
resultó ser totalmente opuesto. Rébel buscaba las ideas del fondo histórico
del mundo, y yo necesitaba tocar y sentir el mundo material en el que
vivimos.
Resulta que en verdad he buscado la seguridad que me ha penetrado dentro del
molde materialista americano. Desgraciadamente, me interesa una vida cómoda
(porque como el americano, rechazo todo el sufrimiento). Rébel me daba
todo, menos finalidad. Él me enseñó a vivir y a sentir el verdadero sentido
de la vida. Pero jamás iba darme un hogar que hubiera seguido la corriente
de la fuerza social. En cambio, la vida de rutina me daba tranquilidad por
que
entre una rutina, me sentía totalmente segura. También me preocupaba mucho
lo que la gente decía de él. Aunque lo amaba, sabía que teníamos muchísimas
desigualdades. ¡Cuantos inviernos tan fríos me esperaban!
Todavía me acuerdo de los momentos en que nos escapábamos al bosque a sentir
el aire y a saludar a los fantasmas que formábamos en nuestra imaginación.
La última vez que lo ví, estábamos caminando por alrededor de la playa. Me
acordé de esa noche oscura cuando lo vi bailando. Pero más que nada, pensé
en las olas de mis tormentos que me volvían a rechazar. E igual que esa
noche, nuestro sueño naufragó. Después de mi última propuesta de
matrimonio, Rébel exclamó, "¡No! ¡No!-no quiero conformarme en lo que ellos
quieren de mí.por favor déjame solo con mi sombra." Y después dijo las
siguientes palabras que nunca se me olvidarán: "mujeres.mentiras todas están
dormidas y viven en un sueño vértigo.formamos amor y libertad en nuestra
imaginación, pero todas buscan comodidad y dinero...¿Para qué correr hacia
ellas? Para después terminar bailando solo entre el humo de cigarrillos y en
medio del calor de un bar."
Rébel pensaba cambiar el mundo. Intentó experimentar con el amor humano,
pero desgraciadamente fracasó. Me dijo que nuestro amor le había demostrado
que habían momentos en la vida donde la soledad se transformaba en pesadilla
y se requería más que nuestros pensamientos. Pensaba enseñarme que lo que
importaba más en esta vida era un espíritu libre. Y yo, quise creer en él,
quise comenzar una civilización diferente-cósmica-como decía él. Rébel
jamás volvió al bosque y nunca lo volví a ver.
Aunque Rébel estaba loco, por lo menos, todo el mundo lo pensará así, en mi
opinión, él mismo supo liberarse del mundo materialista y logró amar la idea
amorosa con tanta profundidad que todavía lo siento vibrando entre las ramas
de los árboles y la luz de la luna. A veces me abandono a las olas de la
mar, o me escapo al bosque para recordar esa magia que me pintaba con sus
manos cada vez que bailaba. Y yo misma, me sigo escondiendo detrás de la
máscara que me impone la sociedad. Tal vez pueda escaparme de mi mundo
vértigo de vez en cuando con la ayuda del deseo amoroso que siempre existirá
en mí. Mientras tanto, no sé si nos volveremos a encontrar; pienso que
todos somos como piedras rodantes. Ahora termino con esta triste historia
de amor y me iré al bosque y me llenaré de amargura, olvidando a Rébel.
Nota.-Dicen que el amor verdadero nos toca solo una vez; personalmente, no
dejo de creer que es posible dejar de amar cuando se ama de nuevo. En este
caso, parece que ciertamente habrá más experiencias hechas de mágica y
misterio, sin embargo, la magia se incorpora por distintos propósitos, el
destino nunca es igual. La mujer que se enamora por primera vez con un
loco, suele morirse dibujando ese misterioso fracaso en su memoria cada vez
que se acuerda del humo y el calor de un bar.
* Patricia Godinez es Licenciada en Idiomas. Nacio en Garden Grove,
California, y es hija de madre costarricense y padre mexicoamericano. Ha
estado en Costa Rica en varias ocasiones, y se confiesa una gran admiradora
de el pais y su gente.
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