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ARREGLAR EL MUNDO

"REFLEXIONES SOBRE EL TERRORISMO"

 

LA ÚLTIMA ETAPA DE LA GLOBALIZACIÓN

 

DOS ENSAYOS SOBRE LA ACTUALIDAD

 

 

Dr. Álvaro Montero Mejía

 

 

 

San José, 1 de octubre del 2001

 


ARREGLAR EL MUNDO

 

Álvaro Montero Mejía

 

 

Introducción

El atentado terrorista contra dos rascacielos de la ciudad de Nueva York provocó, naturalmente, una oleada mundial de espanto y repudio. Al mismo tiempo gobiernos, periodistas, académicos y analistas de todos los horizontes culturales o ideológicos, iniciaron el estudio y la interpretación de los hechos 

Pero la vida política nacional no se ha visto afectada ni agitada por lo ocurrido y simplemente nos hemos colocado en la fila, esperando que un gobierno extranjero nos diga qué hacer, qué decir, cómo proceder y lo peor, cómo pensar.

Lo que ocurre es que desde hace muchos años, los políticos de Costa Rica, casi sin excepción, han dejado que los grandes rumbos de nuestro pequeño país sean marcados por fuerzas extrañas, llámense organismos financieros internacionales, gobiernos poderosos o empresas transnacionales.

Hoy estamos en medio de una nueva campaña electoral y podríamos apostar que en ella no serán objeto de ningún debate, ni discusión, ni controversia, ni propuesta, los grandes temas que afectan la vida y el futuro del país. Hay una explicación, como expresamos antes, pues el diseño de todo lo importante para Costa Rica, ha sido definido por otros fuera de nuestras fronteras.

Nuestro Movimiento, "UN CAMINO PROPIO", mantiene en alto su consigna de "caminar con nuestros propios pies y pensar con nuestra propia cabeza". Y ese es el objetivo de este material que ponemos en sus manos y sobre el que esperamos que se vuelque el espíritu crítico de nuestros lectores.

¿Política internacional o intereses nacionales?

Como ocurre con la mayor parte de los acontecimientos dramáticos, no siempre podemos esperar un examen que tome en cuenta la suma de factores causales y profundos que nos saquen de esa visión simplista, inmediata, publicitaria o francamente interesada, que se forma con los primeros arrebatos de sorpresa o indignación. Hemos escuchado y leído decenas de comentarios e interpretaciones, la mayor parte de los cuales están plagados de simplezas o lo que es de lamentar, de un seguimiento automático de los razonamientos elaborados por el gobierno de los Estados Unidos.

Este sometimiento podría tener a corto plazo, consecuencias terribles, si como parece, todo se orienta hacia acciones militares de gran envergadura. Podríamos pasar de un apoyo moral más que justificado al pueblo norteamericano, por los sufrimientos ocasionados por el atentado terrorista, a un compromiso en una guerra sin cuartel, desencadenada por la prepotencia y los intereses de los grupos más radicales de los Estados Unidos.

Como marco de referencia, debemos comprender que absolutamente toda la información y las opiniones oficiales emanadas del gobierno estadounidense, no tienen la intención o el interés de construir una política internacional, sino que su objetivo fundamental es crear una opinión pública local, favorable a las acciones que emprenda la administración, en plena concordancia con el complejo industrial militar. La política internacional de los Estados Unidos, como la de todos los imperios, ha sido siempre una prolongación de su política interna, un brazo ejecutor de los intereses mundiales que emanan de sus emporios financieros o industriales. Las valoraciones humanistas o los intereses legítimos de otros pueblos o naciones, no cuentan para nada o solo forman parte de la retórica necesaria para el manejo de la política mundial.

Con la excepción del "Nuevo Trato" de Roosevelt, que sí contenía un esfuerzo real de acercamiento y estímulo a los cambios sociales en América Latina, motivado por la necesidad de una alianza sólida en la guerra contra el Eje nazi-facista, el resto de los proyectos continentales de los gobiernos estadounidenses, el "Punto Cuarto" de Truman o la "Alianza para el Progreso" de Kennedy, no produjeron una huella permanente.

El nuevo mundo UNIPOLAR

Por eso las personas sensatas e inteligentes del mundo entero, los hombres y las mujeres para quienes la búsqueda de la verdad debe ser un imperativo de la conducta humana, debemos empeñarnos en que el pensamiento crítico sea el que nos alumbre la complejísima trama de los hechos actuales. Señalamos de antemano que este esfuerzo se orienta a enriquecer la discusión y la perspectiva sobre lo que ocurre en torno nuestro y a evitar que seamos conducidos irremediablemente, por la política de la gran potencia que encabeza el mundo unipolar de nuestros días.

En efecto nuestra época, es la de un mundo unipolar. Ya no hay dos grandes potencias confrontadas como ocurría antes con los Estados Unidos y la URSS; ahora hay solo una: los Estados Unidos de Norteamérica. Este país tiene más poder y riqueza, en sentido relativo y absoluto, que cualquier otro imperio de la historia. Es por lo tanto, como todos los imperios, el dueño y representante de las definiciones éticas y sociales. Define qué es bueno o malo; civilizado o retardatario; democrático o dictatorial; justo o injusto; conveniente o inapropiado; agresivo o defensivo.

Esta situación no surge por azar. La desaparición del campo socialista en la Europa del este, ha  permitido el surgimiento de un capitalismo universal de manos libres, sin contrapeso alguno. Este capitalismo es llamado por el Papa Juan Pablo II "capitalismo salvaje" y es la fuerza política, militar y económica más representativa de la globalización y el nuevo mundo unipolar.

Hasta hace pocos años, vivíamos sumergidos e influidos por la existencia de una confrontación ideológica, política, cultural, económica, científica, tecnológica y militar entre los EEUU y la URSS, que se manifestaba en todos los hechos cardinales que ocurrían sobre la tierra. Aún antes de esa confrontación denominada como "Guerra Fría", simbólicamente iniciada por un discurso de Winston Churchill en 1945, el sistema capitalista de producción, encabezado por la civilizada Europa, había levantado unas vigorosas columnas, primero sobre la explotación de sus propios pueblos y luego por medio de la opresión colonialista y dos guerras mundiales.

Las guerras entre los imperios coloniales por el reparto del mundo, fue la pauta final a que condujo el fracaso de la política y la diplomacia. A estas guerras de agresión mutua, fueron arrastrados los pueblos colonizados, a quienes se les hizo creer que luchar junto a sus amos era un signo evidente de civilización. Una vez aprovechada su sangre, el yugo colonial regresaba. Así ocurrió con multitud de naciones asiáticas y africanas, después de concluida de II Guerra Mundial. Pueblos como China, Viet Nam, Argelia, el Congo, Angola o Africa del Sur, tuvieron que reemprender prolongadas luchas de liberación nacional contra las potencias que no se resignaban a perderlos. En esas guerras fueron cometidos verdaderos genocidios y naciones enteras se vieron sometidas a una implacable y sostenida política de terror.

 

Los creadores de la política terrorista

Estos hechos nos permiten señalar que es precisamente el sistema capitalista el que inventa esas nuevas formas de guerra inhumana que no enfrentan un ejército contra otro,  sino a aparatos militares y policíacos que agreden, espantan o intimidan a  poblaciones civiles, la mayor parte de las veces, indefensas. Aquí no se trata, como algunos podrían pensar, de guerras "puras", es decir, guerras limitadas a la muerte de los beligerantes. Se trata de acciones político militares complejas que mezclan las facetas bélicas con el ejercicio del terror, que logran el sometimiento o la parálisis de toda resistencia, gracias al miedo provocado por el salvajismo o la refinada crueldad de las fuerzas dominantes.

El terror fue, innumerables veces, expresamente dirigido contra poblaciones inocentes y desarmadas y su objetivo no era ganar una batalla sino dominar o controlar territorios, paralizando de espanto y horror por medio de la violencia gratuita, a las comunidades desprotegidas.

La verdad concreta es que la guerra de agresión y el terror caminaron siempre de la mano. No es cierto eso que se ha repetido tanto en estos días, señalando que los terroristas han inventado una nueva forma de guerra o insistiendo en que la guerra opone siempre a ejércitos uniformados y en un frente de batalla delimitado. Esta forma de acción política y militar, absolutamente irregular que se denomina comúnmente como terrorismo, fue inventada y aplicada sistemáticamente desde hace decenios por los países poderosos de la tierra.

 ¿Acaso fue una guerra de ejércitos uniformados la que las potencias coloniales emprendieron contra los bantús, los hutus, los kikuyus, los fulani, los ibos o los zulúes? Sería interesante examinar el calificativo que merecen las guerras de exterminio como la emprendida contra los pieles rojas en el Oeste norteamericano, o "las guerras del opio" impulsadas por los ingleses en la China ¿Qué supieron de guerras formales y caballerescas los pueblos de Polonia, Checoslovaquia o la URSS, o los judíos de Varsovia o Praga asesinados por las hordas hitlerianas o fascistas? Y una vez ganada la guerra ¿cómo podríamos denominar ese acto espantoso de borrar del mapa a ciudades abiertas como Nagasaki e Hiroshima o los insanos bombardeos contra la población civil en Dresden?

Condenamos el terrorismo, el terrorismo de Estado y la guerra de agresión, donde quiera que se produzca, porque son caras de un mismo prisma.

La guerra de agresión, el terror y el terrorismo de Estado, renuncian a la tolerancia, al diálogo, a la confrontación racional de opiniones y a la formulación de acuerdos. A esta actitud humana, renuncian también los imperios, los Estados poderosos que se sienten capaces de actuar como quieran, es decir, como corresponda a sus consabidos intereses vitales.

 

América Latina y el terrorismo de Estado

Pero tampoco podemos olvidar a América Latina. Porque quizás en ningún continente fue aplicada una política de terror más pertinaz que en el nuestro. Durante buena parte de nuestra historia, los pueblos latinoamericanos sufrieron cárcel, tortura, muerte y exilio o formas terribles de control policial, gracias a ese engendro de las oligarquías y armado por las administraciones estadounidenses, que fueron las dictaduras militares.

¿Fue una guerra o fue terrorismo puro y simple el método aplicado por ellas? ¿Sabían algo de tácticas de academia las aldeas mayas en Guatemala, los estudiantes cubanos, venezolanos o mexicanos, los obreros chilenos, los indígenas ecuatorianos o peruanos, los maestros salvadoreños o los jóvenes argentinos, por mencionar a unos pocos?

Recientemente, en plena Guerra Fría, las dictaduras adquirieron un carácter más violento y cruel. Refinaron sus métodos de tortura e inventaron el expediente atroz del "detenido desaparecido".

Formas avanzadas de terror de masas también fueron empleadas contra los poblados de Corea y Viet Nam, envenenados y quemados por la tecnología química de la Dow Chemical, el napalm y el "agente naranja", o heridas de muerte en las mujeres y los niños por la bombas antipersonales. ¿Acaso ellos murieron uniformados o atrincherados en el fiel cumplimiento de las leyes de la guerra? ¿Qué oportunidad tuvieron los trabajadores portuarios de Haipong o los niños de Mai Lai?

El terror en el "socialismo real"

El sistema de socialismo real produjo, en nombre de una sociedad más justa, sus propias iniquidades y crímenes. La paranoia política de los regímenes de Stalin en la URSS, de Novotni en Checoslovaquia o de Cheachescu en Rumania, por ejemplo, sumó a los enemigos reales y a los conspiradores contra el sistema, a miles y miles de trabajadores, activistas políticos, militantes revolucionarios, científicos, artistas y militares de altísimo nivel. Ellos fueron conducidos al sacrificio y a la muerte, sin la menor oportunidad de defensa.

En una gran parte del campo socialista, las conspiraciones y las provocaciones, confirmadas o no, permitieron la comisión de innumerables injusticias y actos arbitrarios. Muchas veces, detrás de las consignas sobre la democracia obrera, la justicia popular o la defensa del Estado, se escondían escabrosos procedimientos, violatorios de los derechos humanos y muchos crímenes que quedaban impunes.

Todo esto ha sido condenado y denunciado por los pensadores socialistas más consecuentes. Por otro lado, el Papa condenó y combatió el viejo polo socialista y denunció sus métodos antidemocráticos, las persecuciones y los crímenes. Sus críticas al capitalismo globalizado son contra las injusticias  y las divisiones sociales que provoca, contra la degradación de los seres humanos, la explotación y enajenación del trabajo, el hedonismo, el consumismo, el sexismo, la depravación de las costumbres, la intolerancia, la  concentración de la riqueza y la multiplicación de la pobreza, la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y el materialismo rampante.

 

Revolución, heroísmo y terrorismo

El terror como práctica revolucionaria, ha sido extensamente estudiado. Durante la Revolución Francesa, la política del Directorio se orientaba a confirmar el poder revolucionario en los momentos más agudos de la lucha social. El terrorismo de Estado como método para conservar el poder durante las revoluciones y en las primeras etapas del socialismo, fue una manera de enfrentar los intentos restauradores. Del mismo modo, el Libertador Simón Bolívar lanzó su terrible decreto de guerra a muerte contra el invasor español. Terror contra terror en una guerra sin cuartel entre el mundo que nace y las fuerzas que intentan detenerlo. Pero en la mayor parte de las revoluciones sociales, el terror del nuevo Estado continuó mucho más allá, provocando los mayores excesos. El terror puro y simple se convirtió en un instrumento de opresión contra el pueblo.

Hay otros casos de actos violentos que solo pueden ser examinados o juzgados individualmente. Hay que saber distinguir, por ejemplo, entre un acto terrorista y un gesto heroico. Porque desde tiempos inmemoriales los héroes se han inmolado y han entregado su vida con fines altruistas. No hay pueblo ni cultura que no ensalce y rememore el sacrificio de sus mártires.

Juan Santamaría, el héroe y mártir de los costarricenses, no quería únicamente hacer huir a los filibusteros recluidos en El Mesón, sino quemarlos a todos. El signo de los héroes es precisamente su coraje, su valor, su entrega consciente. Esa es la diferencia con el terrorismo ciego e indiscriminado o con el terrorismo de Estado, que no distinguen sus víctimas y atropellan cobardemente a hombres, mujeres y niños inocentes, con el propósito de alcanzar fines políticos.

¿Qué es entonces el terrorismo? Las definiciones son siempre peligrosas y sobre todo cuando involucran creencias, sentimientos o formas arraigadas de lo que Eric Fromm llamaba el pensamiento doble. Entendemos por terrorismo, el ejercicio de la violencia indiscriminada, con fines políticos y sin precisar, la mayor parte de las veces, un enemigo concreto. El terrorismo provoca víctimas desprevenidas e inocentes, con el objetivo de causar, en la fuerza considerada como el enemigo concreto, un estado de desmoralización, desconcierto, confusión o pánico. El terrorismo puede ser ejercido por personas individuales, grupos organizados o Estados y sus víctimas pueden ser también personas, grupos, poblaciones o pueblos enteros.

Terrorismo no es únicamente ese acto espantoso y cobarde que cegó a miles de inocentes en los Estados Unidos. El mismo calificativo merece la permanente y sistemática agresión contra pueblos y países en el Medio Oriente, en Africa, en Europa o en América Latina, como ejecución de una política que exige, cada día más, la imposición de la violencia como medio para alcanzar fines políticos.

¡Los árabes no inventaron el terrorismo!

No aceptamos la versión, que además de racista y discriminatoria es absurda, de que el terror es una invención del medio oriente y los fundamentalistas islámicos. El Islam es una religión profundamente humanista, impregnada de valores sobre la vida, la fraternidad, la comunidad humana, la justicia y la solidaridad. Como todas las religiones universales, el Islam tiene en su seno corrientes e interpretaciones, como ocurre entre los cristianos. En sentido general, hay moderados, ortodoxos, radicales, conservadores, fundamentalistas, revolucionarios o como se les quiera llamar, cuyo pensamiento y acción están influidos por las opciones políticas del mundo circundante. Solo un tonto puede suponer que la religión no está influida por los hechos de la vida y por el acontecer social y político de las sociedades que la practican y viceversa.

Lo importante para nosotros, según nuestros valores, es que los hombres y las mujeres del mundo, de cualquier nacionalidad, etnia, filosofía política o religión, tenemos el inalienable derecho a pensar como queramos y de ser respetados por los demás. En este sentido, creemos que la tolerancia es un fundamento  vital del humanismo y que nadie debe ser perseguido u hostigado por su manera de pensar. Porque pensar o actuar en el entorno más íntimo, no es jamás un acto de ofensa, agresión u hostigamiento contra nadie y en estricto sentido, ninguna expresión del pensamiento o de los actos íntimos, debería provocar una reacción por parte de ningún poder exterior al ser humano individual.

Mientras el debate o la confrontación permanezcan en el terreno de las ideas, la única respuesta admisible, es otra idea.

 

Consecuencias del conflicto árabe-israelí

Por complejo que sea, todo lo que ocurre en el mundo de hoy tiene una explicación. Las formas más violentas de lucha, entre los palestinos principalmente, solo se explican por el cerco y el aislamiento que el mundo entero creó ante su justificado clamor. En 1946, las Naciones Unidas no crearon solamente un Estado judío en Palestina, sino dos, uno judío y otro palestino. Los palestinos jamás aceptaron como válida esa resolución porque consideraban injusto que los europeos le dieran un Patria a los judíos, cercenando a Palestina. Pero aunque ahora la mayor parte de los palestinos están de acuerdo en compartir ese territorio, aún son un pueblo apátrida, con su Patria invadida, reprimida y sin reconocimiento como Estado nacional.

El empleo del terror, por parte de algunas organizaciones de la OLP, pudo ser inaceptable e injustificable, pero fueron actos perfectamente explicables. En un breve documento es imposible documentar los fundamentos de esas acciones, desesperadas y ciegas, como una manera de cobrar venganza. Como un grito angustiado y cruel al mismo tiempo. Grupos organizados de la extrema derecha judía, como la Irgún, fueron los primeros en desatar el terrorismo en Palestina. La crueldad y el salvajismo de la Irgún, llevaron a Ben Gurión a llamar "el chacal" a Menagen Beguin. Después se produjeron innumerables hechos violentos contra la población palestina indefensa: voladuras de viviendas, asesinatos, invasión de territorios y expulsiones.

Aun antes de la declaración Balfour o la masacre de der Yassin, los imperios habían tomado partido, como una manera de hacerle pagar a los palestinos, las ignominias y crímenes que Europa cometió por siglos contra los judíos. Y lo hicieron al mejor estilo imperial. Les arrebataron la patria a los palestinos y se la obsequiaron a los judíos. Los líderes sionistas más lúcidos y progresistas, entendieron siempre que esa tierra había que compartirla y que ninguna guerra o cataclismo tectónico sería capaz de separar el destino mancomunado de árabes y judíos.

Pero la Guerra Fría dejó para después cualquier espíritu razonable y la confrontación creció. Las grandes potencias capitalistas y principalmente los Estados Unidos, alimentaron la guerra entre los países musulmanes, estimularon los conflictos y las divisiones internas y apoyaron con dinero y armas a los regímenes rabiosamente anticomunistas como los talibanes de Afganistán y les financiaron sus guerras. Al mismo tiempo, permitieron que los israelitas siguieran adelante con su política de ocupación territorial y represión contra la población palestina. L política estadounidense en el medio oriente, estuvo invariablemente condicionada a su alianza con ellos.

El odio y el resentimiento contra la política de los EEUU se hizo más grande y ocupó casi todo el espacio político. Lo grave es que ese odio se irradió hacia grandes masas del Islam en decenas de pueblos. Como resultado de las acciones de los grupos palestinos más radicales y extremistas y por la abrumadora propaganda mundial en contra de la causa palestina, se creó en la opinión pública de occidente, la convicción del carácter indisoluble del binomio palestino-terrorista.

Entre los musulmanes, el conflicto pasó de ser palestino-judío a ser islámico-occidental y más concretamente, un conflicto entre el Islam y los Estados Unidos. Esta situación continúa alentando a los movimientos de corte "talibán", quienes afirman que los enemigos del Islam son los infieles de Europa y los EEUU que apoyan a Israel.

El mundo rico cerró los ojos y permitió que creciera la guerra de las piedras contra los fusiles, que miles de activistas palestinos descubrieran que la resistencia militar tiene naturalmente sus réditos; permitió que los halcones de Israel, que asesinaron a  Rabin, impusieran su política de "muchos ojos por un ojo" y que el mundo árabe y más allá, se convenciera de la imposibilidad de un acuerdo que reivindicara su causa.

Poco a poco se fue creando entre las poblaciones árabes, la convicción de que Israel y los EEUU eran dos caras de la misma moneda. Sin embargo, una participación más activa de la administración Clinton, permitió la firma de los acuerdos de Oslo y luego se produjo su visita a Gaza, pero en lo fundamental, el clima antinorteamericano no cambió.

La escalada de odio no se habría detenido jamás, si no se hubiese abierto una pequeña puerta a la negociación. Pero en el Medio Oriente, los pasos que pueden ser considerados como positivos, se dan en situaciones límite, cuando sus efectos no hacen retroceder el rencor o la desconfianza acumulados y estos no se van a terminar ni hoy ni mañana. Diariamente son alimentados por las represalias del Gobierno y el ejército de Israel, lo que a su vez crea el terreno ideal para las acciones suicidas y así en una espiral de horror que no parece tener fin.

A pesar de los avances objetivos en algunas áreas de la negociación bilateral palestino israelí, se ha creado en el mundo islámico un sentimiento de derrota, de diáspora irredenta, de nación segregada, dividida, expulsada, y sometida a ese calificativo universal de pueblos y religión terroristas.

Esos sentimientos probablemente perdurarán muchísimos años. La fraternidad y el amor entre judíos y palestinos, tendrán que esperar. Solo una política de diálogo y justicia, con el pleno reconocimiento a los derechos del pueblo palestino, hará posible la paz.

 

La nueva administración estadounidense

La situación  se ha agravado con el advenimiento de la nueva administración estadounidense, cuyo alineamiento con la derecha israelita y con los grupos sordos a toda forma de negociación, es mucho mayor que en el pasado. De modo que las cosas no cambiarán  porque G.W Bush, después del atentado en Nueva York, jure que su guerra es contra los talibanes y Bin Laden y no contra el Islam.

¿Tiene salida esta situación o estaremos irremediablemente condenados a esperar que la situación empeore, que el crédito de los patriotas palestinos que están, al menos estratégicamente, por soluciones negociadas, decaiga por completo y que las represalias le abran curso a una interminable cadena de represalias y venganzas de consecuencias imprevisibles?

A estas alturas, últimos días de Setiembre, los Estados Unidos y su campaña mundial contra el terrorismo, han logrado convertir a Bin Laden en una especie de héroe de una gran parte del mundo islámico, que lo ven como la encarnación de su venganza, aun cuando no esté enteramente claro quienes fueron los responsables intelectuales de los ataques. De modo que los políticos irresponsables que en el mundo entero se han precipitado a darle un aval incondicional y acrítico a la propuesta militar de los EEUU,  apoyan, en la práctica, una política insensata de resultados imprevisibles.

Ciertas informaciones de prensa en estos días (final de Setiembre), dan la impresión de que la posición de los EEUU se ha visto influida por la tesis de una discusión de fondo en las Naciones Unidas y que se abre la puerta a la búsqueda de soluciones menos agresivas y provocadoras. Esto puede crear la posibilidad de lograr el castigo de los responsables de los actos terroristas en Nueva York con apoyo en la Carta de la ONU, como lo ha propuesto la OEA, la Comunidad Europea y la propia Rusia.

En el seno de los Estados Unidos y con seguridad ocurrirá lo mismo en otros países desarrollados de occidente, se manifestarán poco a poco las voces más conscientes y pacifistas que les exigirán a sus poderosos gobiernos que la razón humana prevalezca sobre los grandes intereses y la ideología imperial. Estos grupos o corrientes humanistas del mundo entero, cuya voz tendrá que escucharse con fuerza en todas partes, serán las primeras en percatarse de la inutilidad de los medios militares para resolver los problemas de la confrontación y la violencia social. Porque la razón humana dicta que no es con más armas, represalias y guerras, como la humanidad de nuestros días resolverá los dramas de la pobreza, la exclusión, la marginalidad y la segregación a que la globalización neoliberal ha sometido a la aplastante mayoría de la humanidad.

 

Globalización y hegemonía

Las fuerzas fundamentales que mueven la sociedad de nuestros días, están bajo el casi absoluto control del capitalismo desarrollado y esta ubicuidad  le permite tomar decisiones trascendentales en el comercio, la industria, las finanzas, la ciencia y la tecnología, la producción de armamentos y la política mundial.

Esta hegemonía alcanza, por supuesto, las herramientas más sofisticadas de la nueva revolución industrial, la informática, la miniaturización de los "chips", la automatización y la robótica, la biología molecular y la manipulación genética, los rayos láser, los hiperconductores y las aplicaciones más revolucionarias y sorprendentes de la física moderna.

Aunque muchos aún no lo comprendan, eso es la globalización: la etapa más avanzada del capitalismo desarrollado. En nuestros días,  se ha producido la mayor concentración de riqueza en pocas manos de toda la historia. Junto a ella, aparece una secuela espantosa de marginalidad y pobreza. Son los extremos naturales de las leyes que rigen esta nueva etapa de la expansión del sistema. La globalización y el mundo unipolar, han extremado las divisiones sociales entre los pueblos y países y dirigentes miran con indiferencia y desaprensión el drama humano que se teje a su alrededor.

Nosotros sabemos que jamás en la historia el capitalismo ha sido generoso, solidario y mucho menos compasivo. Todo lo que la humanidad ha logrado conquistar de esos valores, ha sido gracias a incontables luchas, dentro de las cuales el pueblo norteamericano tiene una importante cuota. En ese país las organizaciones obreras, las asociaciones culturales, los foros de intelectuales y científicos, poetas, escritores, artistas, ecologistas, luchadores por los derechos humanos y hasta políticos y empresarios honrados y sensibles, configuran una parte de la nación que no comparte la brutalidad y la estupidez de sus políticos retardatarios, militares agresivos y multinacionales descarnadas.

Yo he sido personalmente testigo del grado enorme de generosidad, solidaridad y bondad de sus trabajadores manuales e intelectuales, hombre y mujeres que laboran como docentes, médicos, pastores, empleados, agricultores, obreros y amas de casa. Esa gente vive, como la inmensa mayoría de la humanidad, del trabajo honrado y creador de todos los días y con escasa información de los dramas humanos, más allá de los suyos propios. Con ese pueblo amable y noble nos solidarizamos y hacemos nuestra la pena que hoy siente por ese acto terrible y cruel que no logra explicarse y del que los grandes intereses y el gobierno, quieren sacar un especial provecho.

Nosotros quisiéramos que de todo este despliegue de solidaridad mundial frente a su pena, los estadounidenses sacaran las consecuencias apropiadas y sepan que si el mundo es solidario con ellos, ellos deben ser solidarios con el mundo; que si ahora tienen a flor de piel los sentimientos patrióticos porque se sienten amenazados, comprendan mejor de dónde han sacado fuerzas para resistir los pueblos que han sido víctimas de sus agresiones.

Pero incluso los "halcones" deberían sacar en los EEUU algunas conclusiones. Por demás está decir que el terrorismo suicida rompe la lógica de la guerra que implica un riesgo calculado y la preservación de la vida de los combatientes ¿Qué maquinaria de seguridad es capaz de detener a una persona cuyo objetivo no es ganar una batalla o participar en ella, sino entregar su vida y provocar pánico y desconcierto, es decir, aterrorizar el entorno social de sus enemigos? 

En segundo lugar, las acciones terroristas no tienen que ser ni mucho menos tan espectaculares ni mortíferas como la demolición de las torres gemelas. A los actores les basta con crear un clima general de inseguridad, de miedo, de temor por una muerte o un daño imprevisible e injustificado. Un número de acciones encadenadas pero independientes, nulificarían la articulación de una aparato represivo y una investigación eficaz.

En tercer lugar, ninguna arma inteligente es más inteligente que un suicida que camina libremente, sube y baja escaleras, se monta en taxis y ascensores, espera pacientemente y se aproxima poco a poco, en horas, días o meses,  hasta su blanco escogido. En cuarto lugar, los equipos de seguridad e inteligencia no pueden cubrir el espectro social de los eventuales activistas, ubicándoles con simpleza en una religión, un grupo o una etnia determinada. En todos los países desarrollados hay centenares de individuos dispuestos a realizar actos terribles y despiadados y estos elementos podrían verse estimulados por una escalada de terror. Solo un tonto puede pensar que con la inyección letal a Thimoty Mc Veight, se acabó la corriente terrorista que él representaba en los EEUU. Otros como él, están agazapados esperando una oportunidad. Finalmente, no existe nada más vulnerable que una sociedad altamente desarrollada y abierta,  donde existen miles y miles de objetivos susceptibles de afectar sensiblemente la producción, los transportes, las comunicaciones, la energía o la salud de los habitantes.

 

La "cruzada" de GW Bush

Seguramente se pueden agregar muchas razones más. Pero sería ingenuo pensar que el llamado de Bush busca liquidar, con medios militares, un enemigo indeterminado y disperso. La consecuencia natural es que se producirá a corto plazo, una contracción de los derechos humanos e individuales en el seno de los EEUU y en otros países. La llamada lucha contra el terrorismo, provocará la escalada de un nuevo macartismo. En nuestros países, podría ser juzgada como sospechosa cualquier manifestación de sensatez, cualquier postura política que objete o critique la "cruzada" de GW Bush.

Esto sería la prueba adicional de que los llamados a las represalias y a la guerra, tienen como su objetivo fundamental apoyar, dentro y fuera de los EEUU, el reforzamiento de las fuerzas represivas. En todas partes veremos crecer y actuar, grupos policíacos, militares y paramilitares. A los ejércitos y los aparatos de seguridad les aguarda, a cortísimo plazo, una nueva época dorada en América Latina. La limitación de las libertades democráticas y los derechos humanos fundamentales, en nombre de la lucha contra el terrorismo, se pondrá a la orden del día.

El propósito es claro. A los sectores que hegemonizan la vida económica mundial, no les basta con tener un control decisivo sobre el comercio, los transportes, la producción, la ciencia y la tecnología y los grandes medios de comunicación. Sienten que la dramática segmentación social que han provocado en la humanidad, profundizará los conflictos y sus manifestaciones sorpresivas e irregulares. Necesitan urgentemente la formación de un ejército y una policía mundial que detecten, desde sus más pequeñas manifestaciones, los actos de descontento o protesta que afecten sus intereses considerados como vitales en cualquier lugar de la tierra.

A estas fuerzas policiales y militares, les corresponderá calificar como "terrorista" a esos movimientos y procederán en consecuencia. Las acciones militares podrían estar antecedidas por actos intimidatorios contra Estados independientes, agrupaciones cívicas o partidos políticos, por presiones económicas y cierres de mercados, bloqueos de empresas o embargos comerciales. Así culminaría el viejo sueño imperial de un gobierno mundial, con la fuerza suficiente para sustituir todos los organismos multilaterales y todas las instancias donde se expresen la independencia y la soberanía de las naciones, pequeñas o grandes, pobres o ricas.

 

Las grandes tareas de nuestro tiempo

Cual es el camino. La tarea es en primer lugar, evitar que nuestro pequeño país y otros pueblos hermanos del continente, sean arrastrados a una aceptación incondicional de esa política. Esto significa hacer conciencia sobre los verdaderos propósitos de esta nueva cruzada iniciada por el Presidente G.W.Bush. Debemos facilitar los debates, abrir foros en los medios de comunicación, exigirles a los políticos que se pronuncien y discutan el tema en los parlamentos locales y nacionales y provocar en los académicos el cumplimiento de su deber, frecuentemente postergado, de llevar a las aulas la discusión de los asuntos trascendentales que afectan a nuestros pueblos y al mundo.

En segundo lugar, debemos insistir en que la conciencia mundial debe ser movilizada contra todas las formas de terrorismo, lo que incluye los actos suicidas, los atentados, el terrorismo de Estado, las acciones militares o los sabotajes militares y económicos contra Estados independientes, la política de represalias indiscriminadas y el asesinato de dirigentes o líderes políticos en distintos lugares del mundo. El riesgo de recurrir al terrorismo como medio de combatir el terrorismo, es enorme. Pero el riesgo de que alguna gran potencia recurra al terrorismo de Estado para combatir lo que ella unilateralmente juzgue como "terrorista", es aún mayor. Si se internacionalizan esos métodos de lucha, los derechos humanos y la población civil, sufrirán pérdidas irreparables.

Es imposible avanzar hacia un mundo más racional y solidario si no se termina, a mediano plazo, el foco de tensión internacional más explosivo y de consecuencias más universales y dramáticas, que es el conflicto del Medio Oriente y su punto culminante, los derechos del pueblo árabe de Palestina.

Por décadas, los países de Europa Occidental y los Estados Unidos, alentaron a los grupos más conservadores y radicales del nuevo Estado de Israel, a convertirse en sus abanderados en el Medio Oriente y a practicar, con ese apoyo, una política expansionista. Así como occidente  fue el responsable de la partición de la Palestina histórica y de dejar sin patria al pueblo palestino, también es responsable de la política maniquéa, que coloca a los buenos judíos de un lado y los atrasados, ignorantes y "terroristas" palestinos del otro.

Como dijimos antes, las reivindicaciones de los palestinos son también las de todos los pueblos árabes y más allá, las de todos los musulmanes que en el mundo suman más de 1200 millones. Son, aunque parezca paradójico, las reivindicaciones de los propios judíos y del Estado de Israel. El odio creciente contra Israel y los Estados Unidos, que invita a actos desesperados, solo se aplacará con acuerdos de paz razonables y justos, que le permitan al pueblo palestino construir una patria independiente, próspera y democrática y a Israel y su pueblo, vivir en paz dentro de fronteras seguras.

Hemos escuchado algunas voces en el sentido de que el diálogo no es método, porque no se puede dialogar con los terroristas. No pesamos igual. El diálogo, aun en condiciones extremas, puede provocar consecuencias positivas si cada parte confía en el peso de sus argumentos. Durante años,  varios gobierno juraban que jamás mantendría conversaciones con sus enemigos: el gobierno de Israel con la OLP, el de Angola con los grupos o bandas armadas, los sandinistas con la "Contra" o el gobierno colombiano con los guerrilleros. Las conversaciones se produjeron y no podemos decir que esos diálogos no hayan acarreado consecuencias positivas. Aun si el diálogo no acaba con las guerras irregulares, es el comienzo necesario para hacerlas concluir en hechos positivos. El diálogo y los acuerdos entre palestinos e israelíes y sus resultados positivos, tendrían necesariamente consecuencias favorables en la conciencia de millares de árabes y musulmanes.

El camino es también exigir que sean modificadas las condiciones del mundo actual, donde se profundizan los daños sociales, casi irreversibles, sobre una gran parte de la humanidad. El problema central de nuestro tiempo no es el terrorismo, sino la pobreza y la marginalidad que se abaten contra tres cuartas partes de la humanidad.

El mundo rico, el mismo que en pocas horas reunió más de 50.000 millones de dólares para realizar la llamada Guerra del Golfo o los 40.000 millones de dólares que le acaba de aprobar el Congreso al Presidente GW Bush, no puede mantener esa inhumana indiferencia sobre el drama de decenas de pueblos y centenares de millones de seres humanos. Los EEUU, que invirtieron en el decenio de los años 80 más de 10.000 millones de dólares en la guerra civil de Centroamérica, no ha invertido ni una mínima fracción de esa suma, en colaborar con el desarrollo económico y social de nuestros pueblos. Entre tanto, las consecuencias sociales de los fenómenos naturales se acrecientan, el hambre golpea y las migraciones avanzan incontenibles.

Convenimos en que es una utopía, pero hay que cambiar el mundo. La paz y la justicia siguen siendo los grandes objetivos del género humano Si las naciones de la tierra, en vez de marchar detrás de los llamados imperiales, caminaran en apretadas filas en pos de acuerdos o alianzas que les permitieran a todos obtener ventajas del comercio, la producción y la ciencia mundiales, el espacio que hoy ocupan la irracionalidad y la violencia sin objetivos, construirían un mundo mejor.

 

San José, 1 de octubre del 2001

 

Apartado 350-2300 Curridabat

 

Correo electrónico: monpere@racsa.co.cr



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