![]() |
Hora del
Pacifico |
| Pagina Principal - - La Moradita del Mes - Mundo Saprissita - Futbol Tico - Embajada - Consulado LA | |
Comuniquese con el autor warroyo@cariari.ucr.ac.cr
|
Lic.
Wilberth Arroyo Alvarez ExJuez
Superior de la República Catedrático,
UCR.
“Acreditación
de la Carrera de Derecho: “
¿AUTORIDAD CON ARMONÍA? ” “El
que quiere nacer tiene que destruir
un mundo”. Hermann
Hesse Hace casi cuatro años la Facultad de Derecho decidió iniciar un proceso de acreditación de la carrera de Derecho bajo la consigna -diría yo-, de “no sólo parecerlo sino serlo”. Efectivamente, ésta y otras unidades académicas universitarias, de la U.C.R., así como otras privadas, desean demostrar a la sociedad, con esta acreditación, que la formación profesional que dan a sus estudiantes es la de más alta calidad y por ello merecen su confianza. A contrario sensu, las que no estén acreditadas están desacreditadas: o porque no lograron cumplir con los requisitos para ello o porque simplemente ni siquiera consideraron la posibilidad, que para muchas “universidades de garaje” sencillamente es, más que un proceso, un vía crucis o, lo que es lo mismo, es la aplicación del refrán popular de “quien la debe, la teme”. Pues bien, la Facultad pretendió, inicialmente, por medio de una serie de actividades, una “evaluación” que pusiera sobre el tapete las debilidades y fortalezas del sistema así como la búsqueda de posibles soluciones que harían viable la acreditación y con ella establecer las bases de su modernización y fortalecimiento. Sin duda, al darse la acreditación de esta Unidad Académica se espera que sea despojada de sus viejos trajes, más si estos tienen ya cerca de 20 años de usarse: una curricula académica obsoleta, no acorde con la evolución de las instituciones en un mundo “globalizado”; una organización académica decadente, burocratizada y asfixiante, con métodos de enseñanza de principios de siglo (escuche, escriba, copie y repita lo que dice el profesor); “investigaciones” sin aportes reales, que en general son copias burdas de lo que ya se ha dicho desde hace muchos años; parte de un sector administrativo y docente que se ha olvidado que es soporte de lo principal (la razón de la existencia de la Universidad: los estudiantes); la ausencia de mística docente, estudiantil y administrativa, que ha hecho necesario, entre otros sinsentidos la “hoja de control de asistencia” (sic); la desbandada galopante de los principios de moralidad, honradez y honestidad en muchos aspectos que no dejan de alarmar. En fin vestiduras sucias y corroídas. Todo ello, debo decirlo por honestidad profesional, que es sin demérito de los logros académicos y administrativos alcanzados en momentos históricos de esta Facultad, como lo que se dieron, en los ochentas, durante la insigne decanatura de la Lic. Sonia Picado Sotela (primer mujer en ocupar tan distinguido cargo en la centenaria Facultad de Derecho y en toda latinoamérica, y de la que guardo gratos recuerdos, por su brillante labor) Así, en el
caso de la Facultad de Derecho, se
esperaba que ésta, ya acreditada, rejuvenecida y con nuevos atuendos, exhibiera
su vetusta historia de más de 150 años de existencia, para continuar siendo
luz que señalara los nuevos rumbos en el derecho
del nuevo milenio. Sólo con su remozamiento, de sus estructuras académicas y
administrativas, la Facultad de Derecho podría hacer frente a las necesidades
en la formación de los nuevos abogados costarricenses; nuevos protagonistas de
un escenario aceleradamente globalizado, muchas veces alejado de nuestra
“propia identidad” e insensible a la realidad de un país pobre, como el
nuestro y que hace grandes
esfuerzos por dar mejores profesionales en derecho con ética y moral públicas
incuestionable, incorruptible; en fin, sin tacha. Creo firmemente que a eso debió
apuntar, desde el principio, el objetivo principal de la llamada acreditación
de la carrera de Derecho, sea que su proceso no hubiera sido un fin en sí mismo
y que, por el contrario, se constituyera en un medio para hacer cambios
profundos en nuestra Facultad, lo que bastante falta le hace, en un mundo y un
país, violento y con una acelerada crisis y pérdida de valores, con un
ambiente rancio, donde parece
imperar la ley de la selva; donde el reconocimiento al docente esforzado sale
sobrando; donde se exige calidad académica pero sin las mínimas condiciones
para que el profesor y el estudiante puedan alcanzarlos; donde impera la
burocracia hasta para imprimir en unos hojitas de papel el plan de estudios del
curso...donde pareciera contar más el poder
y más poder, y la verdadera preocupación por la calidad académica en su
sentido integral resulta ser la pose y el
goce de ego de algunos/as pocos. Sin duda, abría que aplicar la máxima que
dijera el escritor y premio Nobel de literatura, Hermann Hesse: “El que quiere nacer tiene que
destruir un mundo”. Y sobre este tema de la “Acreditación de la Carrera de Derecho” me interesa opinar, primero, sobre la relación acreditación vs (pre)supuestos que deben existir para un éxito de las reformas que se planteen como indispensables para lograr la acreditación de la carrera de Derecho. Esos supuestos son en términos de condiciones (medio ambiente) adecuadas para obtener una excelencia académica en los profesores y estudiantes. En mi situación como docente muchas veces he escuchado las quejas de los estudiantes y colegas ( sobre todo “autoridades”) sobre las fallas en la formación profesional y docente de algunos profesores. No obstante, considero, se han hecho con base apreciaciones negativas producto de algún frustrado resultado del curso que llevaba o impartía o de ganas de ver sólo lo malo y no el esfuerzo o dedicación que hace un docente tomando en cuenta solamente algunos de los muchos aspectos que confluyen en los problema planteados: me refiero al hecho de medir el grado de “excelencia” del profesor solamente en razón de “si llega a lecciones”, “si sabe la materia”, “si evalúa bien”, “si prepara las clases”, etc. ( que son los parámetros acientíficos que se hacen en la Facultad si ninguna técnica como la que elabora el Centro de Evaluación Académica de la UCR, por ejemplo), lo que no permite ver en su verdadera dimensión el problema planteado. Existen otros factores que no permiten a los profesores responder a las necesidades en la formación de sus pupilos. ·
CAPACITACIÓN
PERMANENTE. ·
ESPACIO
FÍSICO PEDAGOGICO.
·
OFICINA
DE TRABAJO DOCENTE, DECENTES.
·
LA
TECNOLOGÍA MODERNA A LA MANO DEL DOCENTE.
·
BIBLIOTECA
DE AVANZADA, SIN LIMITACIONES. ·
PERSONAL
ADMINISTRATIVO CAPACITADO, CON MISTICA.
·
NÚMERO
DE ESTUDIANTES ADECUADO A TODO: EDIFICIO, NUMERO DE PROFESORES, CAPACIDAD
MATERIAL, PRESUPUESTO REAL.
·
ESTIMULOS
ECONOMICOS PARA
DOCENTES. -*- Sin
duda , el tema de la acreditación hará necesario poner el dedo en más de una
llaga, por lo que en su autoevaluación descansa en buena parte, o en todo, su
éxito. Por eso el proceso debe ser abierto, sincero, accesible para todas las
opiniones pues sólo así se logrará que todos los actores en este pequeño
gran escenario, que es nuestra Facultad salga adelante en semejante empresa.
Hace falta consenso, compañerismo, claridad en todos los pasos de este largo
proceso y quizá deberíamos hacer nuestro el principio con el que la insigne
profesora Sonia Picado condujo su administración cuando fue decana de la
Facutad de Derecho en los años ochentas:
“AUTORIDAD CON ARMONIA”. ¿Qué tal si empezamos con el debate sobre
estos y otros temas para abordar el tema de la próxima y esperada elección de
Decano de la Facultad de Derecho? Cedo la palabra....
[Home]
[Deportes ] [Periodicos]
[Television] [Emisoras]
[Editorial] [Ultima
hora] [Columna
semanal] [Cultura] [Poesia]
[Contribuciones] [Entretenimiento]
[Opiniones][Testimonios]
[Titulares del dia] [Quien
es quien]
|