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Vivimos uno de los momentos más dramáticos en la historia mundial.

Sin pecar de melo-dramático o cursi, puedo asegurar que la humanidad entera, se ha conmovido
 con lo sucedido el pasado 11 de septiembre, en los Estados Unidos.

Por eso, hago un llamado a las personas de todas las razas, nacionalidades y religiones para que
nos unamos al presidente de los Estados Unidos, George Bush, en su lucha contra el terrorismo.

No es el momento de quedarse con los brazos cruzados. Debemos actuar, ahora mismo, y no cuando
el terrorismo mundial haya alcanzado a nuestros seres queridos. La secretaria donde trabajo tenía un hijo
el martes por la mañana, que era bombero, y padre de varios niños, a su vez, y quien el martes por la noche
 no llegó a comer. La Torre número cinco le cayó encima. Hoy tenemos a nuestros seres queridos, mañana
quién sabe. Y este estado de horror y miedo se lo debemos al terrorismo, venga de donde venga.

Acabar con el terrorismo mundial no debería ser tarea exclusiva de los Estados Unidos ni de la OTAN,
 ni de la ONU: la comunidad internacional, en un bloque masivo se debería unir para acabar con esta peste
 que nos viene aquejando desde hace más tiempo de lo que recordamos.

A veces olvidamos que estamos vivos. Andamos por el mundo sin preocuparnos por los demás hasta
 que algo tan espantoso como lo ocurrido el martes 11 nos sacude hasta lo más profundo. Otras veces,
y como en la película “Brazil”, con Robert DeNiro, volvemos a la normalidad repentinamente, como si
nada hubiera pasado y dejamos que otros tomen riendas de nuestro medio ambiente.

Pero no debería ser así. Todos, juntos, debemos luchar contra el dolor y la muerte.

Por eso, y con la ayuda del gobierno de los Estados Unidos, esta vez, debemos acabar con el terrorismo
 de estado, como también con el que lleva a esta gente a olvidarse que son seres humanos y a sacrificar
 sus vidas por un ideal o acosados por el rencor.

Miles de niños mueren de hambre en el mundo porque hay políticas terroristas que los aniquilan, así, igualito
 como se esfumaron más de 6 mil vidas en el ataque a las Torres. A estos niños no les cae un avión encima ni
 ciento siete pisos, se esfuman en el aire por el hambre y la mal nutrición, mientras en EE.UU. y Europa un
adolescente se compra dos pares de Jordans que le cuestan $170 dólares, al menos tres veces al año.

Millones de seres humanos habitan en el planeta sin casa ni comida, muchas veces sin ropa, desesperados y sin
saber a quién acudir. Es gracias a estos abismos desproporcionados entre las clases sociales que muchos seres
humanos no diferencian entre estar vivo y estar muerto. Es gracias a esta situación que gente como Bin Ladem y
 los mercaderes de las armas se aprovechan para inventar sus guerras privadas y saturar sus cuentas de banco.

Sí, señor presidente Bush, ataquemos juntos el terrorismo y el hambre. No permitamos que los bancos y las
 transnacionales sigan convirtiendo a millones de seres humanos en carne de cañón, démosle a los pobres de
 la tierra aire para que se levanten por sí mismos, y empiece usted por no permitir que Wall Street dicte quién come
y quién no. No permitamos que las condiciones obliguen a pueblos enteros a lanzarse a la muerte buscando modelos
 alternativos a su situación paupérrima.

Porque no es justo, ser cruel, y Estados Unidos, menos que a ningún otro país, se puede dar el lujo de ser un estado
 liderado por la injusticia o el terrorismo contra los indefensos del planeta.

En la historia, si nuestra mente selectiva nos lo permite, hemos comprobado cómo los seres humanos hacen lo que
sea para sobrevivir. Está en nuestros genes, en la sangre de nuestros antepasados: hacer lo que sea por salir adelante.

Los “janisarios”, (¿podría ser "jenísaros?) que eran grupos de niños que el imperio Otomano secuestraba a los cristianos,
eran entrenados para defender al imperio; eran hombres preparados a morir por su causa y defender sus ideales con sus
propias vidas. Dentro de la sociedad del momento muchos "no cristianos" se hacían pasar por cristianos para que los

otomanos se llevaran a sus hijos, los educaran y los terminaran de criar. Osama Bin Ladem ha hecho lo mismo,
reclutando gente de las esferas más pobres para sus fines siniestros.

  Esta gente, como los jenisarios, no tienen nada que perder y conocen sólo el mundo de la esclavitud y la miseria.
 No importa qué tanto se bombardee la capital de Afganistán: ya los rusos lo bombardearon todo. No importa a
cuánta gente se mate: esta gente ha venido muriendo del hambre y la miseria desde que los conglomerados
multinacionales decidieron imponer un mercado que beneficia sólo a una minoría, o imponer gobiernos corruptos,
 o deshacerse de sistemas que no los favorecían, como el comunista, y a cambio, como pasó ahora, han impuesto
gobiernos y sistemas fundamentalistas que sólo les interesa avanzar su propia causa.

No hay nada que perder.

Los ricos, las multinacionales, en cambio sí tienen mucho que perder. Por eso, señor Bush, tanto a usted como a
 nosotros, los ciudadanos del mundo, la gran mayoría de los que no gozamos del bienestar de los pocos a quien
 usted representa, estamos con usted, quizá por primera y última vez, luchando contra el crimen y la muerte, venga de
 quien venga y sea contra la persona que sea.

Alguien me mandó un correo electrónico diciendo que debemos bombardear a Afganistán con pan y mantequilla.
Yo propongo que paremos la carrera armamentista. A ustedes les conviene menos que a nadie, ya que los pobres
casi todo lo hemos perdido. Paremos este proyecto macabro que ustedes llaman globalización, que no es más que
 el Destino Manifiesto con otro apodo, para que así no se empuje a los desposeídos del mundo a convertirse y
convertir a sus hijos en los nuevos janisarios. Los seres humanos somos buenos, en todas partes del mundo,
seamos de la raza o religión que seamos. Si ustedes no nos empujan a muchas cosas, la mayoría queremos

simplemente vivir. Deje usted de obedecer a quienes trafican con la muerte, y verá como la vida y la paz, que
usted tanto dice amar, florecerá entre todos.

Un saludo cordial.

Oskar Sarasky
Nueva York

No es tan preocupante el ruido que hace la gente mala, sino el pasmoso silencio de las buenas personas"
                 Ghandi.


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