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Justa y necesaria amnistía
(Artículo
publicado en La Opinión de Los Angeles, en marzo de 1999)
Por: Arturo Enrique Cortés
Recientemente, el Poder Ejecutiveo de Costa Rica decreto un
régimen de excepción y otorgó residencia legal a todos los centroamericanos
que ingresaron ilegalmente al país antes del 9 de noviembre del año pasado.
Esta medida tomada por el gobierno cotarricense, complementa un acuerdo
firmado en diciembre pasado por el presidente Miguel Angel Rodríguez, durante
una reunión entre los jefes de Estado centroamericanos.
Según un documento oficial, la amnistía se otorga como solidaridad con
los pueblos centroamericanos a raíz de los incalculables daños que sufrió
toda la región por el paso del huracán Mitch.
De esta forma, los extranjeros de Belice, Honduras, El
Salvador, Guatemala, Nicaragua y Panamá, que estén residiendo en Costa Rica de
forma irregular, podrán obtener el estatus de residente permanente por un año,
con al posibilidad de renovación por periodos similares, previo al pago de una
tarifa de 12 dólares y presentación de constancia que demuestre que se carece
de antecedentes penales.
Es de esperarse ahora que esta medida se convierta en la
llave que solucione, por fin, un dilema que por años ha existido en el país:
la inmigración nicaragűense.
Porque como se sabe, la inmensa mayoría de de los
beneficiados con esta amnistía, son los más de 300 mil nicaragűenses que
se encuentran residiendo en condición migratoria irregular en el país.
Este altísimo número de inmigrantes de la vecina nación del norte se
compone do dos grupos: los que llegaron huyendo de la precaria situación económica
en la que ha estado inmersa Nicaragua durate muchos años, y los de reciente
ingreso, que llegaron al país como consecuencia del paso devastador de Mitch.
Estos inmigrantes se dedican en su mayoría a labores que los costarricences ya
no quieren hacer. Como consecuencia de su situación migratoria y condición
humilde, son presa fácil de patrones inescrupulosos que en muchos casos, al no
existir control gubernamental, los abusan y explotan.
No pueden gozar tampoco de beneficios básicos inherentes
en los derechos laborales, por lo que se encuentran en desventaja con el resto
de la fuerza laboral del país. Al no cotizar a través de sus patronos a la
Caja Costarricense del Seguro Social(CCSS), carecen de los más elementales
servicios médicos y dentales.
Pero la medida del gobierno tico no ha calado muy bien
entre los costarricenses, y la opinión generalizada es que Costa Rica no está
en condiciones para dar concesión a un número tan alto de personas. Se percibe,
dentro de un contexto de consenso que existen muchos problemas en el país a los
que se les debe dar prioridad. El
índice tan alto de criminalidad y la galopante inflación, son dos de los
graves problemas que los costarricenses preferirían que su gobierno resolviera,
antes de darle cobijo a tantísima gente que viene huyendo, en cierta medida, de
los mismos problemas que y ade por sí la nación padece.
Sin embargo, con la amnistía y regularización de todos
los inmigrantes que califiquen, el gobierno ha dado un paso gigantesco para
acabar con una práctica que ha desembocado en un trato deshumanizado hacia
quienes sólo llegan en busca de trabajo y bienestar.
A su vez, el gobierno tico se beneficiará también pues
con su regularización, todos esos trabajadores se verán en la obligación de
contribuier con sus cuotas al seguro social, lo que reducirá la carga social
del país por concepto de asistencia médica y dental a los indigentes; deberán
cumplir también con su obligación tributaria, lo que supone un ingreso
adicional a las arcas de la nación.
Pero lo más importante de esto es el lado humano del
asunto. Si es cierto, como se dice, que una sociedad se mide por el trato que da
a sus miembros más débiles, y que los pueblos y gobernantes que explotan,
abusan y mantienen en el abandono a los pobres y los desposeídos, son bárbaros
y corruptos, Costa Rica se aleja de esta percepción, porque con el paso dado
por su gobierno, se puede incluir a la Administración Rodríguez entre las que
se guían por valores humanitarios.
Tan es así, que Brunson McKinley, director general de la
Organización Internacional para las Migraciones (OIM) –con sede en Ginebra,
Suiza- felicitó al presidente Rodríguez por promulgar el régimen de excepción.
Después de todo, los inmigrantes que viven en el país,
independientemente de su condición migratoria, quiérase o no son parte íntegra
de la sociedad y merecen ser tratados con la misma dignidad y respeto que sus
otros miembros.
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